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Veigas al Pozo/alto de las Nieves, Somiedo

PARQUE NATURAL DE SOMIEDO

Era un soleado día de verano en el que llevábamos ya 2 días con una severa ola de calor por toda España, que dejaba también en aquellas, normalmente frescas montañas, temperaturas fuera de las normales (un día así de julio allí arriba habríamos tenido 20-22 grados). De hecho, comenzamos aquella ruta en el Parque Natural de Somiedo con 31-32 grados y la habitual humedad... No se recomienda salir a hacer deporte con un calor fuera del habitual, pero a mi, personalmente, por lo que sea, el calor no me afecta nada y lo tengo comprobado muchas veces. Así que, me decidí a poner en riesgo a Alfonso... Y casi lo consigo... :)

Se llega en coche hasta Veigas, en el valle de Saliencia, que está a pocos kilómetros de pasar el túnel de la carretera La Riera-Pola de Somiedo. En Veigas hay un pequeño bar restaurante, con un porche.

Se aparca en el propio Veigas, pueblo que está muy cerca del desvío a La Llamera (que hay que tomar metros más adelante a la derecha); lo tomas andando, o bien, haciendo este desvío en coche y circulando unos metros más, hay frente a una gran valla de una empresa embotelladora de agua, sitio de sobras para 1 o 2 coches (bien arrimaditos eso si). O sino..., un poquito aún más adelante tienes sitio para 1 coche, a la derecha, al lado de la subida al pequeño cementerio, que está allí mismo junto a una higuera enorme.

Partimos ese día, desde este último lugar, Alfonso y yo camino de los Campos de Gobia, un lugar bastante curioso, que yo ya conocía, para revisar unas cabañas (para comprobar si se podía o no dormir bien por allí alguno de aquellos días de fauna -cosa que fue que no-).

camino hacia La Llamera o Valle del Lago

Se toma la pista hormigonada, que está allí mismo junto al huequito para aparcar al lado del cementerio, la que tiene una señal de "acceso restringido". No hay pérdida alguna.

Como ves, la cosa empieza bien, rodeados de los imposibles, inigualables, agrestes y verdísimos altos de este lugar del valle de Saliencia (Saliencia es el valle, que remonta la famosa subida ciclista a La Farrapona). Este tramo desde el túnel hasta aquí, donde está el bosque de Tibleu agarrado como puede a estas empinadísimas laderas, es un lugar cerradísimo, muy salvaje y con muchas zonas de acceso restringido/prohibido. Es uno de mis favoritos. Hay historias de gente que se cruzó, pasando en coche, con osos de los gordos en la zona del túnel, siempre a altas horas de la noche; recuerdo un camarero de Pola, que volvía cada noche tarde a uno de estos pueblos, que tenía alguna de éstas. Varias de ellas. Me refiero a alguien fiable.

A poco de remontar la pista, tenemos ladera vertical, roca y bosque a la izquierda y a la derecha pequeños prados, junto al alegre arroyo, que a veces los atraviesa por el medio. Precioso todo. Llegamos en breve a un cruce de caminos : el de la derecha te sube, muy pindiamente, al Valle del Lago y el de la izquierda te sube, igual de pindiamente (ya ves que no te vas a salvar de subir cuestas), a La Llamera; éste es el nuestro.

Aún no lo sabíamos, pero el desnivel positivo que se iba a salvar ese día de ola de calor sería de 900 m (un poco menos Alfonso). Con unos 10 km entre la ida y la vuelta.

Se pasará junto a un viejo molino medio derruido. Nos rodean siempre enormes árboles, que llegan a formar un techo que sombrea todo el camino totalmente; hay ratos que el camino se empina mucho, y aún más empinadas son las rampas finales hasta la aldea, que está nada más pasar una fuente abrevadero más moderna.

La Llamera tiene enfrente una alta cascada, que se contempla perfectamente desde la baranda de madera que hay a la entrada y que, en tiempo de lluvias oirás y verás perfectamente desde ya mucho mucho atrás; no te hará falta llegar hasta aquí para darte cuenta de su presencia. Espectacular.

La Llamera Somiedo

Sitio precioso éste!... Yo creo que es una aldea vacía, en la que de vez en cuando sube alguien, porque alguna de las casas está bien arreglada. Pocas. Yo nunca vi a nadie... Muchas casas son de piedra, muy antiguas, alguna en deshuso total... También hay una bonita cabaña de teito, que tenía una escalera apoyada, la cual se emplea para ir revisando o cambiando los teitos del tejado.

Se remonta la preciosa aldea por el único y estrechito camino a la derecha, subiendo hasta otro cruce: en este caso se va a la izquierda, dirección a la braña de La Llamera. El entorno es de cine.

camino hacia braña La Llamera

Este nuevo camino pedregoso sube encajado entre 2 pequeñas tapias de piedra y escoltado por muchos avellanos (había piedras grandes levantadas y descolocadas a la fuerza, y eso son los osos, que buscan debajo larvas, hormigas. Por allí pasó desde luego 1 levantando a fuerza bruta las más gordas); mientras a la izquierda, a nuestra altura, se van abriendo cada vez prados más amplios (braña de Llamera). Sobre los mismos, tenemos una ladera totalmente pelada, que lo está hasta arriba del todo y así será hasta el final del valle. Enormes laderas... En primavera, en días entre semana, que por aquí no suba nadie, puedes encontrar ya grandes rebaños de rebecos; no sólo aquí, sino a partir de aquí... Un par de cientos (sin exagerar) vi yo un año (subiré el video).

Se pasan varias fuentes (3 creo recordar); una de ellas su cubeta era una lata grande recortada. Siempre subiendo y subiendo sin descanso, o bien, entre los prados, o bien por la derecha de los mismos (las 2 maneras son buenas). Pasamos por algún bosquecillo, que da algo de sombra (nos llegamos a tumbar medio axfisiados en el primero), por camino fácil pero siempre muy empinado. Paciencia. Aquí ya no se habla, se guardan las fuerzas para seguir hacia arriba.

Pasada la última fuente, que tenía un excremento con restos de semillas de oso pardo al lado (un oso pequeño en este caso), tienes ya unas enormes vistas hacia abajo, hacia lo ya subido, con La Llamera diminuta al fondo, y cimas como la rallada Peña Michu o el ondulado Gurugú asomando perfectamente en el horizonte. Enfrente, prados empinados y apreciándose ya el paso que debemos tomar, a nuestra derecha. Imposible perderse. Ya casi estaba.

Tras esta última fuente cantarina de agradabilísima agua fresquísima, se llega, andando ya por una estrecha sendita muy pisada, a los extraordinarios Campos de Gobia...

Son un grupo de cabañas en un llano alargado verde, salpicado por grandes y curiosas rocas de todos los tamaños. Hay algún corro de piedra también. Algunas de las cabañas de piedra conservan el teito y otras tienen ya un tejado más moderno de uralita. Hay una en forma de medio cabaña, medio cueva muy interesante. Había un grupo de caballos; ya hacía rato que oíamos algún cencerro... El sitio es idílico, y las vistas, si cabe, son mejores aún, que las anteriores.

Si ahora bajas por la derecha de los Campos de Gobia, puedes, pasando por la pequeña braña Bustiechu (por donde pasa el arroyito que cae más abajo en la cascada), adentrarte en el hayedo y emprender el paseo hacia la increíble senda de las cabras (nada, nada, nada aconsejable si no vas con alguien que la conozca!...). Y si vas a la izquierda, podrías llegar, en largo, pero sencillo paseo, incluso hasta las zonas del Tarambicu y más allá... : hasta el Lago del Valle o los lagos de Saliencia. También buscar, este ya más cerca, el paso Mostacheu, para bajar hasta Valle del Lago y luego hacer una ruta circular (recuerda que el camino que tomamos al inicio, tiene un ramal que va desde Veigas a Valle del Lago -por este camino completaríamos la ruta circular-). Esta última opción la realicé en su día y la subiré también al canal.

campos de gobia

Aquí, en este caluroso, pero inmejorable lugar y tras un descanso a la sombra, y dado que Alfonso decidió no caminar más por el calor, él se quedó a revisar las cabañas, hacer fotos, y buscar rastros..., y yo decido subir a la montaña preciosa, oscura y totalmente pedregosa (pedregosa del mismo color que las piedras desparramadas por los Campos de Gobia), que hay justo enfrente. La idea era llegar a la peña Blanca, pero me quedé en la cima anterior cuyo nombre es Pozo de las Nieves (eso yo aún no lo sabía, lo descubrí por la noche en casa), a 1712 m.

Al poco de ir subiendo empezaron a aparecer rebecos por todos lados, algunos se quedaban mirando, otros salían disparados de un bote imposible hacia los precipicios, los había solitarios, había madres con crías. Fotografié a 4 o 5. Los caballos se veían ya muy pequeñitos.

rebeco en Somiedo

Deambulando entre rocas y pequeños arbustos, se va subiendo bien, pero siempre mejor por el lado izquierdo de la montaña (esto lo descubrí tras hacerme un pequeño lío por el derecho). En un ratito estás en la cima, que tiene, además de las vistas ya conocidas (muy ampliadas para bien), las nuevas que se abren del otro lado : peña Chana, peña Blanca justo a mi lado, La Requeixada, el alto de las Cruces a mi izquierda, la anterior mencionada boca Mostacheu justo debajoa la derecha, el cordal del Tarambicu con sus colores claros... Y ya en el valle del Lago : peña Chana, Orniz, y el resto de las cimas de todo el entorno del Lago. Impresionante, como siempre.

Pozo de las Nieves

No quise continuar, porque aquella era una subida, que no podía alargar ya que me esperaban abajo, así que enseguida regresé a los campos de Gobia. Todas las cabañas están cerradas, excepto un corro de piedra, que estos no tienen puerta (alguna vez hemos dormido en alguno de ellos, por ejemplo en Las Navariegas de Teverga, el día que oímos lobos aullando).

La Llamera

El regreso, que tardamos un buen rato en realizar (no sería la primera vez que nos pilla la noche en Somiedo, pero no era el caso esta vez) es por el mismo lugar, con una temperatura bastante más agradable.

El descenso va de frente a vistas maravillosas, que con la caída lenta del sol, y el efecto psicológico de ya no tener que subir ni medio metro más, sino bajarlos todos los que faltaban..., daba una sensación de : "ahora si que lo estoy disfrutando"... Lo que era silencio en la subida por falta de aire, ahora fue ya una charla amena hasta el coche.



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