La presa de la Jocica, objetivo final del día, fue construida entre final de los 50 y principios de los años 60, y es, básicamente, una infraestructura hidráulica situada en el río Dobra. Se encuentra cerca del pueblín de Amieva y abastece a la central del Restaño, que también veremos durante el paseo.
El río Dobra nace en Puerto de Dobres (Valdeón, León) y es afluente del Sella. Decir que, cada año, durante el famoso descenso internacional del Sella, se abre la presa ese día, para dar más caudal al propio Sella.
Debíamos llegar ese día, por lo tanto, hasta el concejo asturiano de Amieva, muy cerca de la capital del concejo.
Para llegar a este maravilloso entorno, la aproximación en coche fue de más de 2 horas, cruzando parte del concejo de Ponga (uno de mis favoritos), y luego el de Amieva, en recorrido que alargamos intencionadamente, con varias paradas, pues toda esta zona es increíblemente bonita y singular, y más en primavera.
Recomiendo parar en la coqueta y rústica aldea de Carbes, por la que se pasa, y que es un bonito mirador de algunos de estos valles (foto inferior).
Aparcaremos finalmente, tras tanta carretera, en el collado del Angón (818 m), junto a unos paneles que hay en la carretera que sube desde San Román, y que está poco después de pasar el mirador de la collada (aproximadamente 3 kilómetros después). Ojo que este tramito final (junto con otros de las carreteras de acceso) tiene ancho sólo para 1 coche.
Decir, que este collado de Angón se encuentra justo en el límite de una de las entradas al Parque Nacional de los Picos de Europa, que es por donde caminaremos todo el tiempo.
Ese día estábamos Lana y yo. El paseo, en total, tuvo unos 13.6 kilómetros ida y vuelta, y unos 500-600 metros de desnivel acumulado.
Era una mañana calurosa de junio, con los colores explosivos de la primavera, bien a punto.
Los paneles antes mencionados son relativos a la Senda del Arcediano, camino de tierra, que parte desde allí mismo, justo al lado.
La Senda del Arcediano es una de las rutas más antiguas de los Picos de Europa y atraviesa parte del Parque Nacional; comienza en el Puerto del Pontón y une el valle leonés de Sajambre con el propio de Amieva.
A pesar de que estoy subiendo a internet esta ruta muchísimos años después de hacerla, aún recuerdo perfectamente la impresión que causa el paisaje tremendo, que se abre ya desde el primer metro del paseo a nuestra izquierda : el valle de Angón.
En primer término praderías verdísimas con algunas cabañitas de piedra, con tejados de teja (pasamos las pequeñas majadas de La Mata, Corao, Afrentadoiro,...). Alguna cabaña está muy bien arreglada y en especial hay una de curiosa, en forma de torreón.
Terrenos y praderías separados a veces por vallitas y vacas pastando aquí y allá..., a veces caballos también, de estos que parecen los de los indios; había bastante animales..., y encima de todo, unos murallones enormes de caliza, que suben altísimo..., altísimo..., llenando toda la vista hasta el fondo. En la ida se veían muy bien y en la vuelta se empezaban ya a cubrir.
Esta imponente pared vertical supera los 1000 metros de caída en muchas zonas... Impresionante! Arriba del todo, en un punto determinado está el famoso mirador de Ordiales.
Para mi, es de los lugares más bonitos del Principado y bastante desconocido para los de fuera, que les dices "Angón" y les suena a un Dios mitológico vikingo o del Señor de los anillos o algo así.
Nuestra carreterita hormigonada empieza cuesta abajo durante 1 kilómetro, atravesando todo este celestial paisaje, y luego será 1 kilómetro más, pero totalmente llano, hasta la central de Restaño.
Hay gente que comienza la ruta en esta central, aparcando allí mismo; es posible hacerlo, pero yo recomiendo, caminar estos 2 kilómetros (2+2).
Bueno, queda raro y curioso, de repente, todo aquel conjunto de estructuras de la central allí en medio de esos paisajes.
Desde la presa, que veremos luego más arriba, baja una canal, que es la que alimenta a todo este mecanismo hidraúlico. Inmediatamente cruzamos el puente sobre el Dobra y seguimos...
A partir de aquí, el camino cambia su inclinación y empiezan las cuestas, y también aumenta el bosque... Toda esta zona es básicamente de grandes hayedos, con manchitas de avellanos y también robles, algunos castaños...
A la sombra, vamos hacia arriba, en un ambiente de bosque frondoso, y ahora los muros de Angón se ven pero por encima de las copas de los árboles. Poco a poco, nos vamos a ir metiendo en el desfiladero del Dobra. Empieza a aparecer a la derecha el Cantu Cabronero, que ya no desaparecerá en ningún momento (esta montaña la rodea la Senda del Arcediano).
Un momento dado, tenemos la opción de seguir adelante, o visitar la majada Ceremal. Nosotros revisamos un poco ese camino, pero seguimos recto, por el inicial, que se empinó aún más, y lo sería así los 2.0 siguientes kilómetros (con unos 300 m de desnivel).
Cada vez los ejemplares de haya son mayores, y llenan todo de una sombra, que se agradeció mucho.
Hay un tramo de camino, tallado en la ladera, especialmente bonito (foto superior); inmediatamente después se accede a la espectacular majada de Bellanzu (Beluenzu) : para mi el punto top del día.
Es un preciosísimo lugar, con las vistas del valle de Angón, ya en altura, con una pequeña cabañita rodeada de prados llenos de flores (es la única cabaña, que queda en pie)..., había caballos..., los árboles estaban muy floridos llenos de flores muy blancas... Al fondo de todo, aparecen los picos Los Redondos y el pico Priniellu, dos de los mejores miradores de la zona.
Desde allí mismo, el camino va directo y ya mucho más suave, hacia lo más angosto y bonito del desfiladero, de tal modo que las laderas contrarias están casi pegadas a nosotros, justo enfrente : preciosas paredes rocosas con el hayedo colgado del precipicio, que nos recuerdan un poco a las del Cares; que, precisamente, no está demasiado lejos de aquí : justo del otro lado de este macizo occidental que tenemos allí mismo, separando este mismo macizo del central.
Caminando por aquella alfombra verde, en la que se había convertido el camino, encontramos en seguida el panel "presa de la Jocica" y justo delante, pero hay que asomarse al vacío, aparece un profundo muro curvado reteniendo aquella preciosa agua azul turquesa..., encerrada por las 2 estrechísimas paredes de aquel desfiladero... Una escalera va bajando trabajosamente hacia allí... No se nos ocurrió ir.
El regreso es por el mismo camino. Estuvimos bastante rato arriba y ya muy cerca del coche había unos ruidos tras unos árboles muy cercanos... : algún gruñido un poco bestia y retumbante, como de aviso...; no salieron, pero yo creo que eran jabalíes.
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