Se daba el caso de que, en aquella Semana Santa, habían caído, en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica, nevadas muy considerables y en pocos días. Así que, nos decidimos Zhor y yo, a ir a "pisar un poco de nieve" (que al final terminó en "pisar bastante nieve").
Llegamos sin grandes problemas hasta el pueblín de Torre de Babia (que está a la considerable altura de 1270 m), aparcando justo a la entrada. Estamos en el municipio leonés de Cabrillanes, dispuestos a llegar a la famosa Laguna de las Verdes y poder así verla nevada; decir de todos modos, que la "gracia" de esta laguna, y también el origen del nombre, es que, en el buen tiempo hay una alga verde que la coloniza toda y que es la que le da ese aspecto especial. Lo que nosotros buscábamos era ese paisaje de lago helado, con los reflejos azules del cielo, rodeado de cimas, etc.
El pueblo en si, es un sitio precioso, con varias casas antiguas de piedra y grandes ventanales, junto al arroyo de Torre, que traía muchísima agua. La iglesia de San Vicente estaba al otro lado de la calle por donde pasamos y la torre (que es la que da nombre al pueblo) también.
Nos recibieron, a la salida del pueblo, unos mastines grandes y tan ruidosos como casi siempre, amenazantes y que osaron acercarse tanto, con esos ladridos retumbantes todos a una, que Zhor les pilló un poco de miedo, cosa que se fue pasando pocos metros después cuando dejaron de ladrar; sin embargo, un perrito blanco y negro, que también estaba allí, ese pacífico y silencioso, nos siguió, y de hecho nos acompañó todo el paseo.
El camino es ancho, evidente, sin pérdida alguna (habrá sólo 2 opciones de cruce y las 2 veces nosotros fuimos por la izquierda). Cruzamos casi al inicio un pequeño reguero, junto a una especie de depósito, con mucha agua que inundaba el hormigón. El camino sigue para arriba, en suave subida, por la pista de tierra y entre cimas de color oscuro roca mojada y de color blanco nieve, que muy poco después pasarían a ser sólo de blanco puro y nada más.
Dada la hora de comienzo, Zhor enseguida quiso comer; abajo esa foto, que es justo también cuando empezó a nevar; primero poco y luego bastante fuerte.
A medida que se avanzaba, iban apareciendo cimas a la derecha, bastante imponentes y completamente blancas : Las Avanzadillas o el Pozo Lao, con más de 2000 m y que tiene unos cientos de metros más abajo de la cima el refugio de fuente Sierro.
Recordé y le contaba a Zhor, que muchos años atrás intentamos subir a la laguna, pero que no se pudo, porque el camino estaba cerrado por la "presencia de una osa con crías". Yo esperaba sorpresa, pero Zhor me miraba como si nada, porque creo que está más que acostumbrada a oír mis historias de osos.
Enfrente de nosotros a la izquierda se asomaban las estribaciones del Mortihuero (cada vez había menos visibilidad en esa zona), y también asomaban todas las blancas cimas que envuelven el circo glaciar que rodea la Laguna de las Verdes. Justo detrás, y no muy lejos de la laguna, estarían las montañas que limitan con el concejo Somiedo, en Asturias, por lo tanto, dado que este pueblo está cerca de Somiedo, razón más que de sobras para que tenga, por si mismo o por vecindad, osos que deambulen con regularidad por estos rincones.
La sendita, pisada por bastante gente (al menos nos cruzamos en un rato con una veintena de personas, cuyo mayor grupito era de 3), nos conducía ya en bastante altura, dejando un valle profundo abajo, rodeado de grandes montañas. En ese valle se oía desde bien lejos el tronar de la cascada Tromeu, la cual se veía perfectamente también.
Precioso paisaje, incontestablemente bonito, algo que comentaban todos los que se cruzaban y que nosotros comentábamos también de vuelta, compartiendo todos allí al final la alegría de estar andando por ese sitio y en ese momento, sin estrés ni nada malo. Allí todo era bueno y esa cara traían todos : una sonrisa.
Y entre algún bolazo de nieve, algún resbalón con sus risas (algún tramito tenía hielo), también algún tropezón con el perro tozudo, que tenía la manía de ir pegado justo delante de las piernas, llegamos a una zona que se abrió de repente y aparecieron abajo 2 cabañas de piedra : las típicas cabaña refugio de León, perfectas, cuidadísimas, con el techo negro de pizarra. Una de ellas tenía el panelito en la pared donde ponía : "refugio de las Verdes". Llevábamos apenas 4 km y unos 370 m de desnivel +. El refugio está a 1620 m.
Zhor, que no puede estar quieta, hizo un muñeco de nieve, miró un poco con los prismáticos, y tras el descanso pactado, nos decidimos a seguir hacia arriba, esta vez ya rematando el tramo hasta la Laguna, tramo que suponíamos con mucha más nieve aún; lo que pasó es que 2 chicos que bajaban desde un poquito más arriba (les veíamos delante nuestro hacía rato) nos comentaron de que : "es imposible pasar, hay nieve hasta la cintura, no podréis y menos con la niña". Zhor puso cara de disgusto (por ese menosprecio, más que por no poder pasar) y nada, nos dimos la vuelta y volvimos por el mismo lugar hacia el coche. Los mastines ya no estaban, cosa que le rondaba por la cabeza a Zhor bastante rato antes de volver a pasar por allí.
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