Gran recuerdo el que nos dejó aquel paseo hasta El Corralín.
El Corralín es una aldea situada en el concejo asturiano de Degaña, lindando con la Reserva Integral de Muniellos y dentro del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias; fue abandonada en 1969 y se accede a la misma por una maravillosa senda desde El Bao, en el concejo de Ibias.
Lana y yo, partimos el paseo desde el parking de Sisterna/A Estierna (792 m), también en el concejo de Ibias; de hecho es la parroquia, que comprende los lugares del propio Sisterna y de Bao. Hasta allí llegamos desde León, pasando el puerto de Cerredo y luego el puerto del Campillo...
Era un bonito día de noviembre, y esta ruta la tenía anotada hacia ya mucho tiempo, por grandes referencias que había visto en la tele y también en algún blog de internet.
La iglesia de Ibias es la preciosa Santa María; la campana de su campanario se puede hacer sonar desde fuera, porque la cadena llega hasta abajo, por el exterior.
Es un pueblo coqueto de montaña, con casas de piedra, tejados oscuros de pizarra, con calles muy estrechitas, por las que vamos directamente dirección al cementerio, que está justamente en Bao, a unos 800 metros, llanos, junto al río de La Collada, que llevaba bastante agua.
El camino está precioso, rodeado de grandes castaños, con los colores otoñales, justo en su punto perfecto.
Pisamos casi los erizos secos de las castañas, que están en el suelo por todos lados. En los oscuros tejados también los hay, están por todas partes...
Se llega en seguida al cementerio. Allí yo sabía, que hay un miradorcito, así, que por detrás del mismo se sube hasta el mirador del Serio (871 m). Son escasos 300 metros más.
Las vistas puedes verlas en las fotos inferiores : se ven las cimas que encierran Muniellos. Debajo del todo, está el río Ibias, pero no se ve, ya que está muy encerrado allí abajo por estas agrestes laderas...
Bosques mixtos, sobretodo de castaños y robles, son los que envuelven todo este agreste territorio entre concejos.
En la primera foto de abajo, a la derecha de El Corralín, puedes apreciar unos cortes en las laderas, como mordiscos : restos de la antigua mina romana, que se estableció aquí en tiempos. Sacaban el oro por presión hidraúlica. De hecho, hay un dicho en la zona, que reza así : "Corralín, cuenco de oro, tiras una piedra y aparece un tesoro"...
Se retorna hasta el cementerio, y se sigue por el amplio camino, dirección norte, unos cientos de metros más, hasta el mirador de las peñas del Posadoiro (foto inferior), donde está el panel de madera : "Il Curralin"...; si, es como una mezcla de idiomas... Yo creo que lo puso la mujer que vive ahora allí, luego la presentaremos...
Justo al lado hay una pequeña zona recreativa (863 m), con mesas y bancos de madera.
Y allí mismo, junto al panelito comienza un descenso, que se adentra en el maravilloso bosque...; bosque del Posadoiro.
Una maravilla : el suelo de la estrecha una alfombra de hojas secas, junto a enormes ejemplares de robles y castaños, realmente gigantescos en muchos casos, como puedes ver en las fotos.
El ambiente es absolutamente sombrío y oscuro; no creo que llegue al suelo el más mínimo rayo de sol, incluso en días de verano.
Extraordinario entorno, donde sólo quedan los sonidos del bosque, en esta fuerte bajadita de algo más de 1 kilómetro hasta el río.
Da respeto, la verdad, y más sabiendo que aquí, estas sendas se comparten también con los oso pardos, que viven por aquí a sus anchas..., como nos confirmaría esa señora un rato después.
Vamos escuchando ya el fuerte sonido del potente río Ibias, junto al que caminamos enseguida, por este caminito de hojas bordeado por helechos, algunos aún verdes y otros naranja...
Llegamos a uno de los mejores puntos del paseo : el puente de la Basancada (592 m) : un antiguo puente de madera, gastadísimo, perfecto en si mismo, lleno de hojitas de los árboles, cuyas ramas le hacen de techo.
Nos entretuvimos con las fotos... : "cuando te diga yo, camina sin mirar y te hecho la foto"... Así quedó, como la ves.
Dime si has visto muchos puentes mejores que ese!
Ten en cuenta, que desde allí, no queda más que 1 kilómetro, ahora siempre en subida, hasta llegar a la aldea, y pasar tanto por la parte baja, como hasta llegar a la parte más alta (Corralín de Arriba, a 742 m).
Se pasa otro puentecito más modesto, sobre el arroyo Calecho, que es el que recorre todo este vallecito, de robledales al principio, más pelado y pedregoso en las partes más altas.
Pasamos las primeras cabañas, alguna se ve restaurada. Y de repente nos sale una señora. Yo no sabía su historia, pero me enteré en seguida, porque ella nos la contó, quisieramos o no... Si me dicen que la puso allí el Principado para hacer de guía turística habría dado el pego. :)
Es una señora francesa : Francine Marcelle, que vivía en la ciudad en Francia y que tenía una enfermedad seria, y que le recomendaron vida sana de campo, en vez de vida de ciudad.
Buscó un varios sitios en Francia y en España, pero el que le gustó era esta zona de Asturias. Se trasladó, una mano delante y otra detrás, a esta aldea abandonada, con tienda de campaña, a vivir junto a la ermita.
Vecinos que la vieron, la ayudaron a rehabilitar una de las cabañas, justamente la que está al lado de la ermita (la de San Miguel), y allí vive ahora, desde hace un montón de años; este paseo lo hicimos en 2014 (ya hacía algunos años que estaba allí) y ahora es 2016 y sé que sigue por allí... Así que...
La cabaña estaba llena hasta los topes de botes de conserva, de cosas tejidas a mano... Había un huertecito.
Nos contaba anécdotas sobre osos pardos, que se cruzaba en el camino (ella utiliza ese mismo camino, a veces haciéndose de noche, para subir al pueblo)..., contaba también sobre unos lobos que, al principio de todo, estaban frente a su tienda de campaña mirándola sin más desde cierta distancia y que bajaron allí varios días, hasta que no les vio más...
Garduñas (creo recordar que dijo garduñas) que riñeron una vez sobre su tejado...
Que había un oso negro viejo que lo veía mucho y que le daba mucho respeto...
Que su gato un día volvió de pasear sin cola, y otro gato sin una de las patas...
Que el día que más miedo tuvo fue, cuando junto al cementerio de Bao, se le cruzaron 2 esbardos de oso, y que ella quedó en medio de los oseznos y la madre... Caminó tranquilamente hacia atrás y no pasó nada.
Años después uno de los guardas de la zona me dio su teoría : "los osos, incluso cruzándoselos ella a pocos metros, no le hacen nada, porque el animal detecta que algo en ella no va bien".
No se, hay tantas teorías. A mi me pareció una señora muy maja y comunicativa. Al final, contaba que el tema de salud le había desaparecido por completo, y que revisiones posteriores de médicos, dejaban sorprendidos a los mismos.
Ah! Recuerdo también que contó la historia de un naturalista muy joven, que se instaló por allí unos días, en una de las cabañas superiores, que le prestaron, y que dando vuelta haciendo sus cosas, cayó en un cepo de los grandes (si, alguien ponía cepos por allí), de tal modo, que tuvo serios problemas para salir bien de allí...
Ya ves que la vida de esta señora tiene sus emociones.
Después de un buen rato con esta extraña e inusual experiencia, seguimos hacia arriba, hasta el final de la aldea.
Cabañas bastante arregladas, tal como nos decía, encerradas entre una tremenda maleza... : tras estar ella por allí, la gente propietaria o descendientes de los mismos habían ido arreglando cabañas.
Cruzamos otro precioso puentecito de madera sobre el arroyo, que nace un poco más arriba, ya en las estribaciones con Muniellos.
Tras comer por allí arriba, Lana me daba prisa por volver, porque nos quedaba hora y media de luz, y después de las historias de osos pardos grandes y grupos de lobos..., que van por este camino como si nada, había una sugestión de película de terror, que realmente cambió todo un poco... :)
Yo nunca la vi caminar tan deprisa, así que me llevó a gancho, incluso en la cuesta de 1 kilómetro de la vuelta.
Disfrutando, pero a toda castaña (nunca mejor dicho), de esos colores verdosos claros, verdes medio..., naranjas..., amarillo... de aquellos arbolazos enormes, con ramas que llegaban muchos metros más allá y que, a veces, obligaban a agacharse...
Lógicamente no nos salió ningún animal, eso es muy difícil, pero que están ahí, están. Hubo un par de ruiditos, que parecía que venía el oso a la carrera a por Lana..., pero no... : falsas alertas de estar un poco en semi pánico. :)
Precioso de verdad, paseo de alrededor de 7 kilómetros en total, sumando el primer mirador, y con más de 450 metros de desnivel positivo acumulado.
No se como estará ahora todo aquello, ya que nos contaba Francine, que había planes de construcción de alguna pista por medio de ese bosque...; era el tema polémico del momento y ella insistió en que lo diésemos a conocer. Así lo puse en el video.
Ni idea de que pasó con eso, pero no creo que se hayan atrevido a cargarse ese lugar, yo confío en los políticos (modo ironía on)...
Queda el recuerdo de ese día es el de cruzar un bosque, de esos que son poco habituales.
VIDEO
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