Buscando un paseo para realizar en aquel comienzo de la primavera, me decidí por el valle de Cibea, tras ver unas fotos más que interesantes en un blog de montaña, por internet. Así que me acerqué en solitario hasta el puerto de Leitariegos, del lado asturiano, en Cangas del Narcea, a la altura de la llamada Chabola (foto inferior). Allí me tomé un café, haciendo tiempo porque todavía había niebla, junto al paisano que me atendía. Había una persona más. Por la ventanita no se veía más que el blanco... "Despejará seguro en un rato", me dijo uno de ellos. Así fue, no tardó ni 30 minutos en despejar casi por completo.
Estamos en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, territorio sumamente osero, como podrás comprobar en el video adjunto a este paseo.
Se cruza primero, la carretera del puerto, hacia la cuesta desvío, la que pone : "Vallado, Sonande"... Se sigue por la carreterita de subida un poco más. Las vistas hacia el puerto son fabulosas; justamente ese día, que aunque aún no había empezado el color verde en los árboles, quedaron unas preciosas nubes bajas jugando en las partes medias de aquellos agrestes valles. Hice unas cuantas fotos antes de comenzar a andar: siempre perfecta es la de Braña de Arriba (una de las aldeas más fotogénicas de Asturias).
Una vez llegas a Vallado, en lugar de entrar al pueblo, se toma el camino que sale a su izquierda, y ese será, y en altura, el que nos conducirá muy cómodamente en el primero de los tramos de este paseo circular (el que va más alto, por arriba). Decir que son unos 14.5 km y 600 m des nivel positivo.
Se va subiendo levemente por el camino, que rodea el alto de Maticha por su derecha. Estamos a más de 1200 m de altura.
Llegué a un punto donde había Guardia Civiles, que estaban como inspeccionando un terreno quemado y se me quedaron mirando con sorpresa y me empezaron a hacer preguntas, las primeras en plan interrogatorio policial, que duraron poco, eso si... Me preguntaron ya luego si venía a ver osos. "No, pero aquí los hay, así que igual me sale uno"; casi lo acerté...
En seguida tenemos bonitas vistas hacia el Cueto de Arbás, que estaba tomado por leves nieblas, y sobre el precioso valle del río Cibea.
Abajo empiezan a aparecer aldeas, y también al fondo, ya a más altura.
Espectacular, me encantó. Seguimos caminando siempre dirección norte, esperando encontrar el desvío.
La foto de abajo muestra las vistas de Sorrodiles, y la carretera hacia Genestoso, que está tapado por el Cueto Cerreu. Al fondo, nevados, el Rabo de Asno o el Chandurrio, entre otras muchas montañas.
Espectacular resulta la aparición de Fuentes de Corbero, rodeado de prados y colgado literalmente de una ladera oscura, encima de una zigzageante carreterita que va llegando como puede a la aldea. Más adelante lo veremos aún mejor...
Justo antes de llegar a la ermita de San Francisco, y viendo ya perfectamente Sigueiru, que parece tener una palloza muy interesante, redonda, aparece un letrero que nos manda para abajo, en pronunciada cuesta. El tema es regresar paralelamente al camino inicial, pero ahora por abajo, ahora en dirección sur.
Habrá ahora y más adelante tramos más "salvajes". Se cruza algún reguerito, algunos charcos que inundan el camino, pequeñas tapias de piedra, aparece algún buen ejemplar de roble, siempre andando frente a formidables vistas de la sierra del Acebo, que será que contra más bajamos, más grande será esa vista... También aparece una cascadita, que enfoco con el zoom...; en seguida, tras tanta belleza, llegamos sin darnos cuenta a la, no menos bonita, Regla de Cibea. Regla de Cibea tiene un grupo de casas de piedra, algunas muy muy antiguas, algún hórreo, una coqueta iglesia (de Santiago). Lugar muy rústico y que da de frente al resto del valle. Espectacular.
En el video indico como se llega al camino que sigue después : en realidad un par de vueltas por sus calles.
Tras Cibea, hacemos un tramito de carretera, justo al lado del río, siempre rodeados de prados con vacas. Al poco aparece una cuesta muy pindia. Esa es! Nadie pasaba por allí, en Cibea tampoco había nadie, y de hecho en toda la ruta sólo vi los Guardia Civiles. Quizás oí pasar algún coche cada hora o algo así, por esas carreteritas del fondo del valle...
La vamos remontando, esta nueva cuesta, siempre por camino ancho, y ahora si, cada paso nos va metiendo en un terreno más silvestre. Es uno de los tramos más empinados del día.
Detrás, y de nuevo muy abajo, esta vez con otra perspectiva, con muy buena luz para las fotos, van quedando las aldeas del valle, rodeadas de verde.
En el momento en el que más alejado estaba de la "civilización" y más tranquilo era el sitio, más montañero..., aparece justo en medio del camino un gran excremento de oso pardo tan fresco que ya no podía serlo más..., al mismo tiempo que justo encima de mi, a 5 o 6 metros de la pendiente ladera que tengo a la derecha (a la izquierda está el bosque que cae hacia el fondo del valle), empezaron unos ruidos grandes de movimiento de ramas... Esa ladera era tan espesa y pendiente, frente a mi, que no se veía nada... Nada. Sólo ruidos... Ruidos gordos... Mi cabeza asoció, como no puede ser de otro modo : excremento fresco de oso gordo y ruido de ramas gordo, lo uno al lado de lo otro, resultado oso gordo (con dientes enormes). Así que, con tal auto sugestión, y sin más, aceleré el paso mirando un poquito para atrás. Bueno..., no me crucé con aquel oso de milagro.
Creo que lo era, pero nunca lo sabré del todo!
Ya no me olvidaría de ese suceso, así que condicionó el resto del paseo.
En seguida, tras un tramito de arbolado, llegué a una braña de un nombre que me encanta : Lin de la oveja (Chindelaovecha).
No me digas que no es bonito.
Varias cabañas de piedra, con perfectos tejados de losas de pizarra, que seguían el camino, que se iba adentrando hacia el bosque.
Alrededor, el hayedo de la Regada, que llega dominar el fondo del valle, rodeándolo por completo y tragándose literalmente el arroyo; y arriba sobre el bosque, los altos de Picarín, Penones, Faro, Ventana... Precioso.
Justo antes de entrar en la braña, hay un caminito a la derecha, que sube : ese es. Dejamos por tanto el anterior, que nos habría conducido inquietantemente hacia el bosque.
La subida fue ligera, porque había una zonita de cotollal alto, muy frondoso, junto a grandes árboles... Se veía poco a través y la verdad es que no me apetecía encontrarme con el de los ruidos de hacía un rato. Al poco se despejaba todo por completo y el paso ligero por aquella ladera con vistas, me llevó enseguida a dar de frente con la aldea de Vallado, bajo el pico Maticha (1328 m). Justo desde allí empecé, pero por el otro lado. Habíamos cerrado la vuelta.
Fue allí y no antes, que se me ocurrió sacar los prismáticos y mirar uno poco a ver si sonaba la flauta.
No sonó, no es tan fácil. Así que tranquilamente, llegué a la carretera, donde me esperaba el coche.
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