La ruta de Castro es un agradable paseo en el Parque Natural de Somiedo. A tal fin, nos presentamos Lana y yo un día de mayo para conocerla.
Se aparca en el área recreativa de la Malva (en la foto inferior), que está a un par de kilómetros de la Pola de Somiedo, junto al río Somiedo, en la misma carretera.
Allí hay sitio para 7 u 8 vehículos y también tienes una fuente. Esta área recreativa (644 m) está bajo el mirador de la Malva (senda adaptada de Pola de Somiedo), junto ante el desfiladero de La Malva.
Este es un recorrido de unos 8.5 kilómetros ida y vuelta, con un desnivel positivo acumulado de alrededor de 400 metros; esta ruta se puede hacer lineal : ir hasta Castro y desandar los pasos, o bien, como algunos hacen : volver por carretera. Esta segunda no la recomiendo, porque es carretera estrecha, sin arcén, y en según que épocas del año tiene su tráfico.
Junto al coche, tienes ya el inicio: del otro lado de la carretera, sube el caminito, junto a un panel indicativo.
Enseguida tomamos altura sobre la carretera, la cual seguiremos desde arriba, todo el tiempo.
Al este, del otro lado del río, tenemos las laderas boscosas del Gurugú (pico Cintu, de 1.459 m); el nombre deriva del agreste monte de Melilla. A principios del S.XX, por una moda de la época, se denominaron así varios montes en España, no sólo éste.
Detrás nuestra, destacan las moles rocosas del pico Cerridiel y la Mochada, en la sierra de Perchunes, dominadas por hayedos.
Delante, al nordeste, está el cordal de Villaux; curioso nombre, el mismo que el del pueblo que está del otro lado. Leí que, toponímicamente, tiene que ver con Villa (del latín : "pequeñas poblaciones o aldeas") y "aux/-ús", relativo al poseedor de la Villa.
Estas laderas, como la mayoría de las que tendremos del otro lado son espesos encinares.
Al principio, caminaremos rodeados de encinas, avellanos y quejigos hasta la cueva de la Malva.
El paseo es agradable y el camino, cuando le falta el bosque, queda colgado de las laderas.
Es muy bonito y bastante sencillo.
Como suele ser habitual en épocas cálidas, Somiedo se colorea de amarillo : las flores de los tojos y escobas.
A nuestra izquierda, hay agrestes laderas calizas, muy boscosas e inaccesibles... : el típico paisaje somedano.
Es un camino bastante sombrío.
En el kilómetro y 400 metros, topamos con la enorme y vertical pared rocosa clara, con líneas anaranjadas y otras de más oscuras, características de estas rocas calizas, donde está la cueva de la Malva (765 m).
Allí, en este sitio tan sombrío, donde no llega un rayo de luz al suelo, tienes una fuente muy coqueta, con buena agua, y pedruscos donde sentarte.
Fresnos, arces, tilos y avellanos cubren las zonas más sombrías y húmedas del camino.
En las zonas más expuestas abundan la aulaga, la escoba negra y el brezo.
Hay un ancho camino que baja desde allí hasta La Malva, junto a la carretera.
Y justamente, caminando un poco más, por el nuestro, entre un murete de piedra, enseguida se ve el propio embalse de La Malva, allá abajo, rodeado completamente por una poderosa vegetación, sin dejarse un metro por cubrir de verde.
La central hidroeléctrica de la Malva, que se ve también, entre la arboleda, es un edificio de principios del siglo XX con una arquitectura de estilo inglés de gran belleza.
Como anécdota, que en aquella época sería algo más que eso, fue la primera central eléctrica en la que trabajó una mujer.
Asoma también, al fondo y sobre el embalse, el bonito monte Navachus, que está ya en el valle de Saliencia, al que se accede por un túnel, que está al lado del propio embalse.
De vez en cuando tiramos de prismáticos, con la misión casi imposible de ver un oso, que lógicamente por aquí también los hay, aunque tanta vegetación dificulta casi cualquier posibilidad de éxito. Pero nunca se sabe, alguna vez vimos osos casi por casualidad.
Uno de los puntos mejores, es el kilómetro 2.3 (791 m), desde el que se ve la mejor toma del Gurugú : su cara norte. Justamente en esa ladera podrás apreciar una tubería, que es la parte final del recorrido, que trae agua (aquí baja a presión), desde el embalse de Valle de Lago hasta la Central Hidroeléctrica.
Desde este mirador tan bonito, se va ya bajando poco a poco dirección a Castro.
Tenemos vistas al fondo de las peladas y estriadas montañas, que están entre Pineda y Las Viñas, por las cuales paseé muchos años después (gran mirador sobre el propio Villaux, que desde aquí no veremos, y también del puerto de San Lorenzo).
El bosquecillo se va abriendo, dando lugar a inclinados y verdes pastizales repletos de florecillas y con su correspondiente ganado : es la braña de Sabugueda, que conserva varias cabañas; Sabugueda hace referencia al saúco, ese árbol o pequeño arbusto, con flores blancas y bayitas, valorado por sus propiedades culinarias y medicinales.
Y entre muretes y muros, y por un camino tapizado por verde y envuelto por la colorida magia primaveral, se va ya bajando hacia Castro, que está abajo del todo, y ya se ven los tejados.
Castro (559 m en su parte más baja, en la carretera) es el castrum del latín : "fortificación".
Este empinado pueblito (no hay un metro llano), destaca por sus casas rústicas tradicionales de piedra, algún hórreo con antiquísimos pegollus (las 4 patas) y la iglesia de Santa María, mencionada en documentos históricos desde 1096.
Recuerdo el sonido de alguien practicando con una trompeta, que ese era el ruido que venía de alguna casa... Había una señora con varios niños en una huerta, a la sombra de un árbol...
Está repleto de frutales, tanto en este lado, como en el otro lado del río y es habitual que los osos pardos bajen de vez en cuando, por la noche, a darles un repaso.
Nosotros bajamos por el hormigonado hasta la carretera, donde hay un panel indicativo, exactamente igual que el del comienzo.
Volvimos desandando los pasos. Se puede volver con menos esfuerzo físico por la carretera, pero para nada lo recomiendo.
Años después, muchí...simos años después, pasando por Castro en coche se nos cruzó, a Zhor y a mi, un oso pardo muy muy rubio, redondeado y gordito, de tamaño medio, a plena luz del día (6 de la tarde en verano), que cruzaba tranquilamente la carretera, justo tras una de las curvas.
No le atropellé porque iba despacio, cosa que debes hacer si cruzas estas carreteras... A veces se atropella animales : unas por mala suerte de que se te tira el animal casi encima (me pasó con un zorro) y otra por atontados sin remedio (está bien así o les insulto más? Vamos a dejarlo así), que van demasiado rápido.
Bonita ruta, agradable estira piernas, muy recomendable.
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