Las Hoces del Esva son un impresionante desfiladero, declarado Monumento Natural por su valor paisajístico y también protegidas en la Red Natura 2000 en la Zona Especial de Conservación (ZEC río Esva); se sitúan en el concejo asturiano de Valdés.
Es posible recorrerlo, en un idílico paseo de unos 12 kilómetros y 550 m de desnivel positivo, que nos lleva por este concejo de Valdés y también nos adentrará por el vecino de Tineo, para lograr completar un recorrido circular.
Me acerqué, en agradable recorrido en coche, hasta Bustiello de Paredes (124 m), que está a unos 25 kilómetros de la costera Luarca; se busca el edificio grande del bar, que está junto al río. Allí mismo aparqué, junto al protagonista del paseo : el río Esva (o Camero).
Era un bonito día de principios de marzo.
El Esva nace de la unión de los ríos Grande y Bárcena, en el concejo de Tineo, y desemboca en el mar Cantábrico, en la preciosa playa de Cueva, cuya ensenada visitamos en su día Zhor y yo, en uno de nuestros recorridos veraniegos por la costa astur. Recuerdo que hay que cruzar el Esva, con agua hasta la rodilla, para poder llegar a bañarse al mar.
Por la pista hormigonada se camina hacia las casas de Bustiello, al fondo, pasando junto al molino de casa Mariello, que es una pequeña construcción con tejado de pizarra tomado por los musgos, en medio de verdes prados, y bajo la cual pasa una acequia de agua.
Bustiello, que son un puñado de casas, con algún bonito hórreo, algún almacén..., se recorre en seguida y sin pérdida, llegando al final, donde se ve ya la típica pista terrera con el centro mullidito y herboso, que es la continuación de nuestro paseo.
Vamos ascendiendo por esta pista, la cual a veces es un tapiz totalmente verde...; a la izquierda tenemos el arbolado variado, que va tapando el río, y en la derecha las últimas fincas. Decir que, durante todo el paseo, los árboles más abundantes serán los pinos, los robles, los eucaliptos y los castaños, además del bosque de ribera...
Enseguida tenemos una bifurcación (primera foto superior) y tomamos el camino de la derecha. Somos conscientes enseguida del desfiladero, el cual empezamos a ver y que presenta preciosos colores rojizos.
El río Esva ha excavado una profunda garganta en las cuarcitas de la sierra de Villagermonde y la sierra de Andornoso.
En 2.5 kilómetros llagamos al Cabañón (168 m), desde donde se ve ya perfectamente el magnífico y angosto desfiladero. También divisamos ya los altos, que nos rodean : la sierra de Silvallana al suroeste, así como algunas aldeas en las laderas más elevadas.
En aquellos días de marzo todavía muchos de los árboles aún no tenían el característico color verde, pero si en cambio, ese blanco ligeramente verdoso, tan bonito de los primeros pasos hacia la primavera; éstos colores contrastaban con el potente verde de los pinos.
Esta falta de hojas, hacía ver mejor el suelo, formado por helechos aún marchitos y plantas en sus primeras floraciones, formando un color rojizo anaranjado precioso... A mi me encantó como estaba, porque soy un enamorado de esos primeros días de la ante primavera. Por lo que sea...
Seguimos nuestra dirección, llegando el camino, con buena caja, a estar vertiginosamente colgado del precipicio, como se aprecia en la foto.
Se ve Longrey, así como otras aldeas... Había un pequeño rebaño de cabras solitario, que me miró con gran curiosidad; por aquellas caritas, creo que ese día sólo yo pasé por allí...
Aparecen enfrente árboles agarrados penosamente a las "ralladas" paredes cuarcíticas, las cuales ofrecen muchos tomos rojizos, debido a contener porcentajes de hierro...
Y siempre con el sonido, ahora más lejano, proveniente de allí abajo, del río... Una preciosidad...
Con el zoom se divisa una escalera de madera, hacia donde nos vamos dirigiendo sin remedio, y que va superando la zona rocosa...; es la zona más agreste y que requiere de esta ayuda de estas "escaleras colgantes", que cuelgan justo encima del caudaloso y sonoro río.
Hay algún tramo, como ves en la foto inferior, que requiere agarrarse a la cuerda. No quiero pensar el pasar por ahí un día de lluvia, que esté ese suelo mojado y resbaladizo.
Se llega a divisar la antigua presa...
Las escaleras, en su sube-baja, nos conducen finalmente hacia la base del río (km 5), quedando a nada de poder tocar el agua (un poco más adelante puede hacerse desde la orilla pedregosa, por la que se anda unos metros). Había un bonito reguerito, que caía en cascadita sobre el Esva. Idílico, la verdad, y más en solitario, sin más sonido que el de la naturaleza.
Había un panel, que indicaba la presencia de nutrias. Más adelante, ya subiendo, recuerdo uno indicando, que era zona de jabalíes.
De repente, aparece un camino con barandilla de madera, estilo senda del oso, por el que vamos ascendiendo decididamente sobre el río, atravesando un bonito pinar con ese característico olor..., que se imita en muchos productos de limpieza. Por algo será.
Sin darnos cuenta, embebidos por andar en sitio tan relajante, aparecemos sin quererlo, en una carretera (!) -5.6 km- : una comarcal del concejo de Tineo, frente al río Navelgas (río conocido por las mini pepitas de oro, que aún lleva en sus aguas).
Allí me planteé como era la continuación, que no la tenía clara del todo. A eso, que pasó un mini tractor con remolque, con una chica al mando. Iba tan lento, que daba tiempo de preguntar y escuchar la respuesta, sin necesidad de que parase. Me aconsejó subirme al remolque, que me dejaría en Calleras y me evitaba andar por carretera cuesta arriba. Y casi sin parar, me subí.
En Calleras, nada más pasar una señal de límite de velocidad : 50, hay un camino a la izquierda, que sube en zig zag hacia una zona de pinos: ese es.
Se ven bonitas, altas y grandes paneras en la aldea, con la base de la estructura de piedra de característico color anaranjado. Aparecen en el horizonte muchas aldeas blancas, con tejados oscuros, todas parecidas, todas primas hermanas...
Una vez en el pinar, por amplia pista lo vamos cruzando entre la sombra; en una bifurcación de caminos tomamos "Chana el Cabañón". En seguida aparece enfrente una ladera pelada, totalmente despejada de árboles, que será pronto por donde andaremos un buen rato. Pasaremos antes junto a un reguero : el Barranco la Crucellina (9.5 km, 408 m).
Quedamos ya, inmediatamente, colgados sobre el río, de nuevo, pero ahora a mucha más altura que al principio (200 metros por encima del mismo). En esta ladera soleada aparece el precioso brezo rosa, zonas de arbustos..., que nos dan bonitas estampas del río, que está allí abajo, y que, según como le de la luz, con colores plateados.
El camino ahora es estrechito y las vistas fueron en aumento, ya que tenemos las de las zonas más altas del entorno. Pasamos unos paneles con 2 opciones: "San Pedro de Paredes" y "Cabañón", que es la dirección que tomamos, que se convierte en un vertiginoso descenso hacia la misma cabaña del principio.
Me doy cuenta justo ahora, mirando esa cabaña desde muy arriba hacia abajo, que justo al lado, en la ladera, tiene unas colmenas.
Es en esta zona, cuando podemos apreciar un desfiladero a la izquierda y otro a la derecha, según circula el río de derecha a izquierda, haciendo una curva enfrente de nosotros, al fondo, junto a Bustiello, que es hacia donde nos dirigiremos para terminar.
Se puede hacer más larga la ruta, si en lugar de bajar al Cabañón, continúas hacia la braña de Adrado, y luego, hacia Paredes, llegando desde allí finalmente a Bustiello. Eso serían unos 5 km más (esta segunda opción es la que pongo en el link inferior de wikiloc).
Ruta preciosa, todo un clásico imprescindible.
VIDEO
REFERENCIAS EN WIKILOC