Palacios del Sil es una maravillosa localidad y municipio del Alto Sil leonés, al que me acerqué en solitario un soleado, pero agradable, día de finales de junio.
La comarca del Alto Sil es una zona top. Está en si misma (protección Red Natural 2000), y también rodeada, de todo tipo de grados de protección para su naturaleza : Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias (Asturias), que limita al norte y que casi rozaremos hoy, el Parque Natural de las Omañas, que recoge también parte de sus tierras, el Parque Natural de los Ancares, al oeste, zonas ZEPA especiales para el urogallo...; en definitiva, estamos unas tierras de un altísimo valor ecológico, y que, para mi fueron un descubrimiento tardío, pero vaya si lo fui aprovechando.
Para subir a las brañas, se aparca justo al lado de la carretera 631, que baja de Villablino y en mi caso llegando allí desde Asturias, a la entrada de la Calle Mayor; esta calle, que recorremos enseguida, nos recibe con alguna enorme casa de piedra con un color marrón muy interesante y una de más baja, en la que podemos incluso tocar sus grandes losas de pizarra negras de su tejado. Detrás de una valla, al otro lado, hay una figura de piedra de una osa con su cría. Muy premonitorias de algo que horas después verían mis ojos...
En seguida salimos del pueblo y encontramos un camino de tierra: ese es el nuestro. No hay perdida alguna, porque empieza justo ahí y termina justo en el final de nuestro paseo. Siempre será igual de ancho y casi siempre, irá subiendo cómodamente. En total son unos 17 km ida y vuelta y unos llevables 665 m de desnivel positivo.
Ganamos altura muy rápidamente al principio y entramos en una zona de robles, otra de castaños, que por lo visto estaba bajo un experimento de suelta de insectos para, según ponía en el letrero "acabar con la plaga de la avispa del castaño".
Llegamos a una zona más despejada y llana, con unas ya grandes vistas del valle del Sil (cabezo del Castro) : el valle y a un lado el Montecín, al otro el alto de Piedrafita, que nos tapa el embalse de Matalavilla. Palacios del Sil queda ya muy pequeño, rodeado de fincas, en la que un tractor estaba trabajando la tierra. Siguiendo el camino, enfrente, a la izquierda, tenemos el Miro de Susañe (detrás está el puerto de Valdeprado), y todo el largo cresterío, que iremos siguiendo paralelos hasta el final en este paseo.
En seguida, y ya rodeados de bosque, el cual no nos va a abandonar hasta arriba e incluso en alguna zona lo tendremos a derecha izquierda y también de techo..., encontraremos el arroyo Pedroso, que traía bastante agua, bajaba con fuerza y que nos acompañará muchos de los tramos que nos restan. Agua cristalina, con un sonido potente, estruendoso y alegre.
Antes del puente sobre este arroyo, en los prados de la izquierda, debe ser una zona de corzos, porque en internet vi un reportaje, de hacía muchos muchos años en el que sacaron la foto de uno, y a mi, por allí mismo también me salió otro...
A partir del puente (un camino lo cruza -el nuestro- y otro ramal va hacia la derecha -camino de la solana-), y con la sensación ya de que nos metemos en un señor bosque, vamos dando alguna revuelta y el camino se empina y empina, pasando junto a grandes pedreros de rocas blancas (que imagino dan nombre a la primera braña) que están en la izquierda y a veces en los 2 lados. Encontramos alguna fuentecilla, de esas que te tienes que agachar bastante y que mojan medio camino, también una zona de colmenas, y pasados unos 5 km de disfrute, se llega a la braña de Pedroso, que está al lado de nuestro camino, aunque hay que desviarse un poquito hacia abajo.
Son un grupo de cabañas de piedra, alguna bastante grande, muy bien conservadas, perfectas, con rejas en las ventanas, sus chimeneas, tejados de pizarra. Algunas tienen mesas y bancos de madera para sentarse fuera, zona para poner la leña (las había que tenían un montón de leña)... También había sus pequeños jardincitos... : una cucada, oye. Si sigues bajando por la braña, que es lo que hice, seguirás encontrando cabañas dispersas, todas muy parecidas, y que no estoy seguro donde llegaban: el arroyo sonaba cada vez más y aún seguía encontrándolas en esa misma dirección al arroyo. A esas que me volví arriba.
A la entrada de la braña había una fuente abrevadero, en la que me senté a descansar, y justo al lado un buen grupo de frutales; entre ellos un cerezo con las cerezas aún bastante verdes y llenas de insectitos, pero que me daba la impresión, y así era, cuando me acerqué a comprobarlo, que tenía la típica rama grande rota por los osos : una rama, con un ancho como mi brazo, partida con un crack de esos de fuerza bruta, que permite al oso comer las cerezas desde el suelo y así no tener que trepar.
Bueno, siempre que hay este tipo de rastros tan evidentes, y aunque ya supiese de antemano que aquí hay bastantes, te pones en estado de alerta lo que queda del día. Y más si, tras reemprender el camino y teniendo aún en mente la rama partida : muy cerca de ese cerezo había un árbol muy desgarrado en el tronco, con clarísimas marcas de zarpas... Y zarpas grandes. Bueno...
Me lo pareció a mi, o quizás porque iba andando más ligero, el camino ahora era menos cuesta arriba. El bosque va mejorando, en grosor de árboles, en tamaño de los pedreros, en lo bonito que estaba el arroyo, con alguna zona realmente ideal para descansar. Un bosque viejo, puro, muy bien conservado.
Estamos andando por el denominado "camino del Abeseo"; recuerda que el otro (justo en el cruce del puente) era el "camino del solano", que también llegaba hasta la braña de Pedroso, pero por más arriba y según el nombre, imagino que en descubierto, sin la protección del bosque.
Me gustó mucho este último tramo, en el que hay incluso un pedrero interminable, que ocupa toda una larguísima ladera entera; casi ni se ve su final. Robles de un gran porte, y el arroyo, que tan buenos rincones ha ido formando, que decide como despedida, de repente y por las buenas inundar todo el camino; se va sorteando como se puede piedra a piedra, con el aliciente de que las enormes ramas que cruzan a lo ancho el camino, hacen que te tengas que ir agachando, mientras vas saltando piedras. Te mojarás algún pie con seguridad con ese agua congelada, como me pasó a mi, pero no pasa nada : ya casi has llegado!
En nada oirás el sonido de una fuente, muy parecida a la de la braña de Pedroso: es el primer aviso, y luego el cartel de madera "fin de la ruta braña de Fontellada". Precioso lugar el que aparece ante nosotros. Ya no es el coqueto y estrecho rincón de la anterior braña, encajadito allí entre una gran maleza de árboles..., sino que el paisaje en La Fontellada se ha abierto, las cabañas más antiguas al fondo tienen un perfil frontal igual que esas casas de Países Bajos (triangulares en escalera -no se me ocurre describirlos de otro modo-), hay varias de derrumbadas y otras de muy actualizadas similares a las de Pedroso..., son todas de piedra muy oscura, con su vallita. Se que había un refugio en el medio, me acerqué y allí había un grupo de chicos, que por lo visto iban a pernoctar en este increíble lugar.
Al fondo, un bonito skyline de cimas a modo de circo, con las más conocidas: Tachetas, Furaquina, Cueto del Oso o Peña Mayor; de esta última estuve justo al lado, a pocos metros de su cima, el día, que por el otro lado de Degaña Asturias, subí, por preciosa selva, hasta las lagunas de Chagüeños. Subí precisamente para tener mejores perspectivas de las lagunas, lo que no sabía era el nombre de la cima, de hecho no lo aprendí hasta hoy. Todo ese cimero linda con Degaña, uno de los concejos asturianos más interesantes en mi opinión (no se que fue de él o como quedó tras los incendios de 2025).
Después de estar descansando y comiendo debajo del porche de la cabaña de la entrada a la braña, que estaba cerrada (como todas), me dispuse a regresar, por el mismo camino de la ida. Un día estupendo, con grandes paisajes y la anécdota siempre interesante de los rastros. Esta era la segunda ruta que hacía por el Alto Sil y ya se había convertido la zona en una de mis favoritas.
VIDEO
REFERENCIAS EN WIKILOC