Los preciosos y recomendables ibones (lagos) de Ordicuso se encuentran dentro de la Zona de Especial Conservación (ZEC) denominada Turberas del Macizo de los Infiernos y del espacio protegido Red Natura 2000 de alta montaña Viñamala.
Para llevar a cabo este paseo circular (unos 6 km y 500 m de desnivel positivo), llegamos mi hija Zhor y yo hasta Baños de Panticosa, maravilla ubicada en un espectacular rincón del Pirineo oscense, en el corazón de un impresionante circo y cubeta de sobre excavación glaciar y junto a un ibón (como no podía ser de otro modo, para redondearlo)...
Para no coger las horas más calurosas (si las va a haber) y para poder aparcar cómodamente, sobre todo en fechas medio punta, está bien madrugar un poco, sino probablemente acabarás aparcado a 500 m del complejo, en doble fila (nuestro caso, ese día).
Baños de Panticosa es un balneario, un complejo termal sito a 1630 m, aprovechando las aguas nitrogenadas y sulfurosas existentes en el lugar, especialmente indicadas para el tratamiento de afecciones renales, digestivas, respiratorias, reumáticas, nerviosas y de piel. Se llega desviándonos de la carretera Biescas-Formigal, hacia una estrecha carreterita secundaria.
En la foto superior podrás ver hacia donde nos tenemos que dirigir en primer lugar : bordeando el ibón de Baños por su derecha, hasta más al fondo de la zona de la cruz blanca, que coincide con la base de una cascada, localizable sin pérdida en todo momento por vista o por oído (cascada de Argualás); depende de la época del año la encontrarás exhuberante, o más modesta, que es lo que nos pasó en aquel septiembre tan tan seco.
Estamos, no tendrás duda en ningún momento, en un entorno espectacular, rodeados de algunos de los 3000s del Pirineo; uno de los emblemáticos es el Garmo Negro, que está en el centro de la magnífica escena. Colores rojizos, blanquecinos... de estas enormes moles graníticas, metamórficas o calcáreas, allí arriba siempre, en lo alto de todas las fotos.
Al la derecha de la base de la cascada, muy evidente, sale un camino, que sube hacia una especie de caseta antigua blanca : la fuente de la Laguna o fuente Purgante, de la que mana agua minero medicinal; siendo éste uno de los pocos edificios, que se mantiene en su estado original (150-170 años de antigüedad).
Tras el correspondiente traguito en la fuente empieza el paseo en si.
La senda, salpicada de los típicos pedruscos de los caminos pirenaicos, sube con fuerza... Piensa que, prácticamente ya hasta los ibones, no vas a tener descanso alguno, con porcentajes muy considerables todo el tiempo y el suelo, a veces liso, a veces no.
Lo bueno, es que, al menos al principio, tienes la sombra de un magnífico bosque, e inmediatamente después, vistas espectaculares de los valles del otro lado (a nuestra izquierda) : los Barrancos de Brazato, Piniecho... y del propio complejo termal, abajo del todo, cuyos edificios, algunos, nos recuerdan a los que hay en muchos lugares de Francia.
Es una senda muy concurrida, porque del balneario (hay también allí un famoso refugio) parten muchas opciones senderistas y de escalada, así que transitaremos, sobre todo al principio, entre gente de todo tipo : personas que van a tumbarse un rato y comer un sandwich en unos lagos... o gente que lleva la intención de ponerse un casco y cruzar las agrestes crestas de varios tresmiles..., gente que va a su pasito... y gente, los menos, que suben estilo Kylian Jornet...
El bonito bosque que cruzamos es del estilizado pino negro, que es el árbol más característico de esta zona. También encontramos serbales, abedules, alguna zona de hayas, arces (el de la hoja que es la de la bandera de Canadá)...
A nuestra izquierda se nos abre el empinadísimo barranco de Ordicuso (foto inferior), que es precisamente donde se hace el regreso y por donde va bajando la cascada de Argualás, que veremos más tarde en versiones superiores.
La cuesta nos la tomamos con filosofía, todo lo despacio que pudimos, porque conviene que Zhor no se enfade demasiado (no le gustan estas cuestas tan empinadas de buena mañana).
Pasado escasamente 1 kilómetro, se sale del bosque a las praderías y empiezan a aparecer los enormes picachos blancos, arriba del todo, pinchando el borde superior de cada foto. Enseguida hay un panelito, que nos marca los ibones de Ordicuso. Para la derecha van todos estos de los cascos. Por aquí no es difícil ver marmotas.
Se trata, en nuestro caso, de ir remontando el valle a la izquierda, por su parte más baja. Verás más de una senda, cada una de ellas hitada. Perdida no hay ninguna, la única diferencia entre ambas es pisar más o menos piedras, porque es ya un terreno más irregular, bajo grandes canchales/pedreros, a nuestra derecha.
Es una zona rocosa de alta montaña y si hay agua en los arroyitos (no fue el caso), tendrás que vadear un par de ellos (Barranco de Argualás y Barranco de Ordicuso).
Llega un momento, que se abandona la parte de la V de este vallecito, que es donde nos encontramos, y se emprende la última y potente cuesta, por la parte izquierda, y ya si, finalmente, por sendero más marcado y noble. De todos modos, nunca hay opción real a pérdida, o al menos, así lo percibí yo.
Será asunto de seguir poco a poco este camino abierto hasta el final, con cada vez mejores vistas a todos lados (la última sombra quedó ya atrás en el primer bosque), llegando a los 2.7 km a los ibones de Ordicuso, a más de 2100 m de altura.
Es un idílico rincón, de estética muy alpina, rodeado de praderas, salpicado de pinos negros, colocados perfectamente, como si los hubiese colocado un paisajista de cine... y de fondo varias cimas, cada una con su forma, de entre 2700-2800 m, como la Punta del Puerto, el pico Baciás, al pico Lavaza, Dientes de Batanes, peña Xuan, etc...; las 2 primeras, encima de los ibones de Brazato.
Lleva filtro polarizado, si haces fotos, porque es una bonita combinación del azul del ibón, el blanco de las cimas del fondo, el cielo, el verde de los prados y árboles...
Suele ser lugar ventoso, porque el ibón bajo se abre totalmente al valle, porque está literalmente apoyado en el borde del mismo, dejando pasar sin obstáculo cualquier viento que sople.
Nos resguardamos en este ibón y comimos tranquilamente, en lugar en el que había al menos 4 o 5 grupitos distintos.
El regreso, si quieres que sea circular, empieza en el final de este ibón (cruz amarilla).
Inmediatamente verás hitos de piedras y una sendita, la cual es la única y la nuestra. Esta senda baja muy inclinadamente y en momentos es resbaladiza (incluso en seco) : piedrecitas finas, raíces de árbol, piedras lisas..., hay que mirar donde pones el pie, debiendo muy de vez en cuando sujetarse a alguna rama o a algún tronco.
El paisaje es enorme en todo momento, grandioso, porque el bosque no es espeso y se va abriendo delante y a los lados.
El magnífico descenso nos llevará a ver enseguida, mientras cruzamos un pedrero, al fondo, la Mallata Baja, por donde pasamos al principio. Nosotros seguimos, no por ahí, sino vertiginosamente barranco abajo, siguiendo el arroyo.
Veremos la cascada en plenitud, junto a un poderoso puente de piedra, freno también de riadas, que arrastren material o de aludes, imagino.
Debemos llegar al segundo puente, idéntico en forma al primero, que si cruzaremos, porque por allí pasa la senda, la cual se une al primer camino del bosque a los pocos metros; lo conecta en su zona medio baja, muy cerca ya del balneario, el cual alcanzamos en un plis plas y cuesta abajo, que como dice Zhor "no entiendo como hay gente que dice que es mejor subir, que bajar".
Ruta muy bonita, pero que requiere que cada metro de sus 6 kilómetros te lo tengas que ganar.
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