Precioso paseo circular otoñal, de unos 15 kilómetros y algo más de 670 metros de desnivel positivo, en el concejo asturiano de Caso, dentro del Parque Natural de Redes.
Lo llevamos a cabo Lana y yo, en un bien escogido día de otoño; era una pausa entre días de lluvias y más lluvias.
El punto de partida, en nuestro caso (la mayoría no lo hace así!), fue el mirador del Valle del Campón, con su panelito explicativo, con espacio para dos o tres coches, que está en pleno puerto de Tarna, a un par de kilómetros, en subida, del propio Tarna.
Está justo frente al imposible y angosto vallecito del arroyo del Campón, con el Cuetón arriba de toda la magnífica perspectiva (nada mal para ser la primera de las fotos...).
Desde allí, se baja por la carretera no creo que más de 200 metros, hasta inmediatamente dar a la izquierda con un ancho camino de bajada, con la típica señal de prohibido : "excepto autorizados"; éste es.
Me fijé que mucha gente aparca en la llamada Armadiella, que baja más directamente al puente principal, el cual menciono más abajo.
Desde el camino, el entorno está dominado por grandes robles, en un ambiente muy húmedo y absolutamente boscoso y poderoso de montaña. Se oye ya perfectamente el ruido del río, abajo del todo, llamándonos.
Los colores del otoño están en su punto álgido, como disfrutaremos sobretodo unos kilómetros más adelante.
Hay vistas hacia El Cuetón, cuando el bosque se aclara un poco.
El suelo es una alfombra de hojarasca y piedras y pedruscos están totalmente colonizados por verdísimos musgos.
Enseguida se llega al río Nalón, y aunque describo esta ruta más de 12 años, después de hacerla, recuerdo que cruzamos 2 puentes de madera (el primero el del Cantón y el segundo, uno de muy liviano, así que no se que será de él ahora...), que ayudaban a ir avanzando entre el río, los árboles y las enormes rocas que obligaban a cambiar de orilla...; finalmente, se da con un tercero : el puente del Corral (puente principal), que es el grande y circulable por la pista que baja desde La Armadiella.
La opción de bajar por aquí me pareció más bonita que simplemente bajar por La Armadiella, la cual conocí años después en la ruta al Cantu del Osu.
Desde el citado El Corral (846 m), bajo el cual el Nalón baja estruendoso, espumoso y cristalino, sigue un ancho camino terrero, totalmente a la sombra, entre preciosos ejemplares de hayas y robles. A nuestra izquierda quedará el arroyo Ablanosa o Vega Pociellu, deudor del Nalón, el cual baja también con bastante agua.
Era un otoño lluvioso, así que en aquellas sombras del camino habían frecuentes zonas de barro. Luego por el bosque sería lo mismo o peor.
En la subida se va viendo de vez en cuanto el rocoso Cuito Negro y hacia atrás la peña Mosquito y tras ella va emergiendo el Maciédome...; el Cuito Negro será, cuando le llegue su hora, parte principal de uno de los momentos más fotogénicos del día.
A los aproximadamente 3 kilómetros se llega a la majada de la Ablanosa (1080 m). Ablanosa viene de "ablano" : avellano. Es una amplia majada, cuyas praderías caen hacia el arroyo Pociellu, y del otro lado, quedan en la imagen bajo las enormes laderas este del rocoso Cantu del Osu y también de las del cerro Fuentes.
Encima de esta majada, a 1 kilómetro y 300 metros de desnivel positivo, está la majada Cerréu, hito tremendo de esta ruta, y por la que pasaríamos horas después.
La Ablanosa tiene un buen número de cabañitas, muchas veces situadas curiosamente de 2 en 2, como por parejas. Algunas de muy bien arregladitas, muchas de pequeñitas y cuadradas. Hay una fuente abrevadero que traía buena agua. Recuerdo un perro, que nos dio el rato.
Se sigue por la pista, hasta dar con el letrero de la última foto superior, junto a las cabañas de La Carrascosa.
Pasamos ahora a caminar por una senda, cruzando el hayedo llamado del Fabucado, que es el que está debajo de la sierra del Príes. Para situarte, esta sierra, forma parte, del otro lado el circo glaciar de la vecina Vega de Brañagallones.
Y de este lado, la Vega Pociellu es también un antiguo circo glaciar, encerrada por las sierras del Mongayo y de nuevo, la de Príes, que se alarga desde aquí unos kilómetros hacia el suroeste, justo hasta la majada de Busumerón, que es punto natural de conexión entre ambas citadas vegas.
La, a veces imperceptible sendita, que hay que seguir con cuidado de no perder, se abre paso curvosa y pindiamente en las laderas inclinadas del hayedo.
El bosque da todo de si, lo que se espera de este tipo de zonas atlánticas : mucha humedad, colorido frío otoñal, árboles alargadísimos que forman una techumbre natural que no deja pasar el sol..., hayas cuyas raíces emergen poderosas en la superficie...; cubiertas las mismas de musgos, lo mismo que cualquiera de las piedras que se asientan sobre la rojiza hojarasca... Una maravilla...
Estamos cruzando el bosque por la senda más baja de las 2 que hay; luego en el regreso, lo cruzaremos por la parte más alta, la cual nos dará más tarde la ventaja extra y decisiva, de tener tremendas vistas.
En algo más de 2 kilómetros de disfrute sin igual, se sale a una zona de escobas, que se van despejando, quedando en medio de una enorme planicie verde : la Vega Pociellu (1275 m); planicie verde de más de 700 metros de larga, que estuvo cubierta en tiempos, como comenté, por la lengua de un glaciar...
Al fondo, hay una serie de cabañones preciosos. Alguno de más actual y otros de muy rústicos, que conservan aún las estructuras de los tejados y las chimeneas ancestrales, con singulares formas, como puedes ver en las fotos. Decir, que esta Vega pertenece a Bezanes, parroquia de Caso.
Nos comentaron que los tejados de los cabañones más antiguos son de madera de haya o de roble... Los hay que están ya caídos.
Hacia el norte, justo sobre la línea de praderías, se abren las vistas del Tiatordos, en su cara más ancha : la cara sur.
Un poco encima del grupo principal de cabañas, andando desde las mismas unos 200 metros hacia el norte, en la lengüita verde que entra en el bosque, se observa una senda que parte desde el mismo bosque (foto inferior). Hay que saber encontrarla, porque no es camino, sino sendita, y no se ve a simple vista.
Si en lugar de tomar esta senda que va hacia el noroeste, se siguiese subiendo por la misma lengua verde hacia el oeste..., se daría con la subida a la majada de Busumerón, citada ya anteriormente.
Esta zona de bosque, más alta, estaba aún más enmarañada y bonita, con vistas al principio hacia bajo, a la Vega. Enseguida estamos en un cerradísimo bosque, con árboles caídos, charcos incluso tan en sombra que estaban helados... El camino es fácil de perder, así que cuidado.
Caminamos entre grupos interminables de esbeltas y delgadas hayas, rectas o más retorcidas, cubiertas por blanquecinos líquenes..., luego entre enormes hayas viejas con gruesos troncos..., entre colores amarillento anaranjados. Estos hayedos son bosques muy dominantes, así que ladera abajo o ladera arriba lo que se ve es filas de blancos troncos y suelo rojizo muy despejado de otras plantas; si acaso sólo los ancestrales helechos se atreven a estar allí.
De pronto, cuando el bosque clarea, tenemos las vistas increíbles de la sierra de enfrente, la del Mongayo/Mongayu : el pico Rasu, el Cuito Negro..., que combinan laderas peladas con zonas verdes, con tupidos hayedos en su color ideal... y con grises, agrestes y puntiagudas zonas rocosas... Yo, todo eso junto, es de lo más bonito que he visto...
Allí encontramos a un grupo de montaña, que se había parado a comer. Nosotros lo habíamos hecho ya en la Vega Pociellu.
Enseguida la senda se va abriendo, y queda colgada de la ladera... Enfrente tenemos las vistas del valle de Tarna, del Maciédome y Tiatordos, además de las de la Peñas Ten y Pileñes... Se pueden apreciar con el zoom los Picos de Europa.
El camino se dirige hacia la loma de la majada Cerreu (1391 m), a la que llegamos enseguida.
Zona preciosa despejada, de prados en un redondeado cerro..., con unas vistas increíbles, de todos estos rincones, pero ahora todos juntos, los cuales ya hemos ido viendo desde distintas perspectivas.
Un sitio que merece por si mismo un paseo. Según la toponimia "Cerreu" vendría del latín : "cirrum" o "cirrus" (rizo, mechó de cabello). Metafóricamente se asociaron a zonas altas, a cerros, a montañas, a crestas, a peñascos, a lomas...
En lo más alto de las praderías, hay varías cabañas, varias en ruinas, con tejados de madera de haya. Apenas algunas siguen en pie a duras penas. Las veces que pasé por aquí estos años, al menos 4, nunca vi ganado... Hay una fuente abrevadero junto al camino de entrada.
Se planteó aquí como bajar a la Ablanosa. No encontrábamos el camino... Seguimos caminando hasta la Fumiosa, majada vecina, donde no vimos nada claro como bajar tampoco...
Así que la solución y dado que se nos iba a hacer de noche si o si, en máximo media hora, fue bajar ladera abajo campo a través por el valle del Campón (el célebre: "allí abajo está el río y si hay río hay caminos"); valle del Campón, el cual recuerda que al principio bauticé como "imposible y agreste vallecito" (el que se veía desde el mirador del parking).
Alguna zona de escobas aparte, el transito fue por un despejado hayedo, hasta dar con unas cabañas bastante ruinosas todas, pero junto a las cuales partía un caminito, que nos costó poco de encontrar. Nos salió un rebeco a la carrera, vaya susto... De noche bien oscura llegamos al puente del Campón, así que ya lo teníamos, porque ya habíamos pasado por allí.
Lana pasó un mal rato, se veía perdida y comida por osos u otro tipo de montruos del bosque; yo menos, porque soy muy inconsciente y no veo la cosa perdida nunca (justo en el momento de más crisis, saltó el rebeco corriendo frente a nosotros, momento de pánico donde los haya, casi de noche y con ideas como la de "aún nos tendremos que quedar a dormir en esas cabañas").
Falsas alarmas, no había para tanto.
Recordándolo, te ríes; al final, es bueno que te pasen estas anécdotas!
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